domingo, 4 de marzo de 2012

Un pequeño milagro



Ella estaba sumida en un sueño profundo.
Y entonces ocurrió el milagro.
La oruga empezó su metamorfosis.
Se disolvió para convertirse en un ser alado.
Finalmente la crisálida dio a luz la mariposa.
Y la mariposa se posó como una caricia en su espalda.
Ella no lo vio porque estaba  ausente.
Sus parpados estaban sellados.
Soñaba con otro ser alado.
Un ángel que la llevaba a su escondite entre nubes.
Le susurraba versos de amor al oído para seducirla.
Era un sueño hermoso pero no era real.
Mientras tanto la mariposa aprendió a volar.
Cuando ella por fin abrió los ojos ya se había esfumado.
Nunca llego a saber lo que se había perdido.
Los momentos mágicos ocurren cuando estamos ausentes.
Cuando miramos hacia otro lado.
Por eso no los vemos.
Nos pasamos la vida imaginando como sería si fuera perfecta.
Y en realidad ya lo es, solo que no nos hemos dado cuenta.





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lunes, 2 de enero de 2012

Creer en las hadas


Fe.
Esa pequeña palabra que lo encierra todo.
Creer.
Una necesidad irremediable y absoluta.
Y sin embargo…siempre está presente la duda.
Ya no hay certezas, ya no hay garantías.
Todo es efímero, nada perdura.
¿Merece la pena arriesgarse?
Cerramos los ojos y desplegamos las alas.
Un ultimo temblor y despegamos.
Pero fracasamos.
Nos damos de bruces contra un cristal.
Una y otra vez hasta que se quiebran nuestras alas.
Entonces dejamos de tener fe y dejamos de creer.

Nos aferramos a las cosas materiales.
Las que se ven, las que se pueden tocar.
Las que no nos traicionan.
Las que no hieren.
Nos entregamos a las sensaciones pasajeras.
Las que nos transmiten poder, éxito y adrenalina.
Las que no nos decepcionan.
Las que nunca fallan.
Nos centramos en alimentar nuestro ego.
Y pensamos que así somos más felices.
“El mundo funciona así” pensamos, y llevamos razón.
Pero las personas no funcionamos así.
Tarde o temprano nos damos cuenta.

Fe.
Cerrar los ojos y ver lo invisible.
Creer.
Abrir el corazón y dejar entrar un soplo de magia.
Reparar nuestras alas y echarnos de nuevo a volar.
Arriesgarnos a pesar de todo.
No una vez…sino dos, diez, mil…
Las que haga falta.
Comprender finalmente que los vuelos no eran inútiles.
Descubrir porque nos dábamos contra el cristal.
Era porque habíamos olvidado abrir la ventana.
El típico error de principiante…




Rosas sin espinas


No son naturales,
pero sí cómodas
porque no hieren.
Tú has enumerado uno a uno
mis errores y debilidades,
y solicitado que cambie.
Así inevitablemente
llegó nuestro adiós,
porque tú rosa sin espinas
no quise ser.