lunes, 26 de diciembre de 2011

Una tarde de sábado cualquiera



Es una tarde de sábado cualquiera
Un día como otros tantos
Un día corriente y vulgar
Un día de estos en los que el mundo está adormecido
Y hasta el sol se niega a salir de su escondite
Por pura pereza
....
Es una tarde de sábado cualquiera
Pero hoy una muchacha está apoyada inmóvil
En la ventana de su habitación
Pesadas gotas de lluvia
Golpean con furia el cristal
Y distorsionan su visión del mundo exterior
Pero la muchacha tiene la mirada vacía
Está tan ensimismada
Que no percibe sino el sonido monótono
De las gotas que caen y caen sin cesar
Al igual que las lágrimas
Que bañan su hermoso rostro
Pequeños fragmentos de dolor
Cristales rotos con bordes afilados
Cual cuchillos
¿Cuanto dolor contiene una lagrima?
Se lo pregunta mientras
Con el dorso de la mano se seca las mejillas
Tratando de borrar la huella de una tristeza perenne
Cuyo rastro de salitre es indeleble

La muchacha siente un escalofrío
Que le recorre la espalda
Su cuerpo se sacude con temblores
Siente el impulso de abrigarse
Más el frió que siente está en su interior
Necesita olvidar
Pero los recuerdos están al acecho
Esperando devorarla
Son hambrientos lobos feroces
Perros salvajes y rabiosos
Que no se dejan ahuyentar
Se dice a sí misma que es su naturaleza
Que debe exculparlos
Pero no puede
Ni quiere alimentarlos

La invade una sensación familiar
Otra visita inesperada de un viejo conocido
Es un dolor añejo de sabor amargo
Que se olvida de llamar a la puerta
Que no se muestra cortés ni complaciente
Es un dolor sin piedad que viene a saldar
El pago de una deuda vencida
Una deuda que ella contrajo en su día
Con su propio corazón
Cuando prometió no volver a equivocarse
Pero no supo evitarlo
Y volvió a caer en la trampa
No de su inocencia
Sino de su ignorancia
Que es peor e inexcusable
Porque tiene origen en el orgullo
De quien no desea saber
Ni prevenir un posible sufrimiento

No debería extrañarse ante ese reencuentro
Ella y su dolor frente a frente
Como en los viejos tiempos
No tiene escapatoria y lo sabe
Pero aún se sorprende
Ante su repentina fragilidad
Ante su incapacidad de afrontar los hechos
Ante su falta de fortaleza en la adversidad
Y su facilidad de sucumbir a la autocompasión
Se siente desnuda y desamparada
Desconcertada y perdida
Pequeña e insignificante
Tan solo un minúsculo motín de polvo
En la palma de un gigante
Está cansada
De estar al merced de un destino
Que no está de su parte
Quiere huir
Abandonarse al dolor con rabia resignada
Dejarse llevar prisionera por él sin defensa
Pero sabe que sería su perdición
Y entonces se arma de valor

Es una tarde de un sábado cualquiera
Y una muchacha abre la ventana de su habitación
Para darle paso a la lluvia
Y dejarse empapar por ella
Para aspirar el aire que tiene aroma a tierra revuelta
Y ver pasar las nubes grises
En su migración hacía otro lugar
La muchacha ha decidido salir al jardín
Y al verla el sol se asoma con timidez detrás de una nube
Atraído por su belleza
También los girasoles vuelven las cabezas
Y los pájaros dejan de sacudir su plumaje
Para observar curiosos
La causa de tanto alboroto
La muchacha camina descalza
Por un prado cubierto de pequeñas gotas de lluvia
A punto de evaporarse
La hierba le hace cosquilla entre los dedos de los pies
Y ella esboza una sonrisa involuntaria
Es la señal que esperaba el sol
Para abandonar definitivamente su escondite
Y acariciarla suavemente con sus rayos
Una mariposa casi la roza con sus alas
Retándola a la persecución
Y ella se deja cautivar por su encanto

La muchacha corre con ligereza por el prado
Su vestido vaporoso se mueve con la brisa
Sus pequeños pies descalzos apenas pisan la hierba
Y su risa alegre lo inunda todo
La muchacha se siente libre
Olvidados están el dolor y la tristeza
De hace tan solo un instante
Olvidados están las lágrimas y la lluvia
Las nubes se han ido a otra parte
La felicidad ha vuelto
Como si nunca se hubiera marchado
La muchacha de pronto se detiene
Para mirar asombrada un colorido arco iris
Que se dibuja cual promesa en el cielo
No recuerda la última vez que vio algo tan hermoso
Hacía tiempo que no miraba al cielo
Después de un aguacero
Hacía tanto que no veía lo maravilloso
Que puede ser un día de lluvia
Puede que sus ojos estuvieran cegados
Por la oscuridad de su alma ensombrecida
Puede que siempre tuviera a su alcance
La esencia de la felicidad
Y simplemente no supiera reconocerla
Ni aferrarla con sus manos

Es una tarde de sábado cualquiera
Pero hoy una muchacha cuyo nombre no recuerdo
Ha vuelto a recuperar su sonrisa
Para abrazar la vida con alegría
Y aunque sea tan solo por eso
Hoy para ella no es una tarde de sábado cualquiera
Sino un día especial que no olvidará jamás
Es como dicen los sabios y poetas
El primer día del resto de su vida






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