¿Cuándo fue que aprendí el arte de dejarme caer?
Con la ligereza de una pluma.
Con la elasticidad de un gato.
Sin desgarrar mis tejidos.
Sin romperme los huesos.
Sin arañarme la piel.
Aterrizando siempre de pie,
Sin importar la altura
De la cual me tiras al vacío.
Caer de pie.
Salvando tu imagen y a la vez mi orgullo.
Salir aparentemente ilesa.
Intacta por fuera,
Quebrada por dentro.
Con la sonrisa congelada
En la comisura de los labios,
Y una capa espesa de maquillaje
Para ocultar las secuelas
De una noche de llanto ahogado.
Caer de pie.
Los amigos que llegan y se van
Se despiden con un abrazo y un “Cuídate”.
Jamás sospechan ni intuyen,
Todo aquello que mi mirada esquiva ha aprendido callar.
Hasta el temblor de mis manos no delata nada.
Es tan fácil mentirles que ya no tengo que inventar,
Basta cerrar los ojos y creer que sea verdad.
Caer de pie,
Una y otra vez.
En la que abrí los ojos
Y deje de engañarme.
Comprendí por fin
Que ya no me quedaban
Vidas para gastar
Porque mis siete vidas
No habían sido suficientes para ti.
Y entonces me fui sin mirar atrás
Me está cundiendo más
Que todas las que tuve contigo
Ahora huyo de las caricias de monstruo
He aprendido a cuidarme de verdad.


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