Sábado noche en las calles de mi ciudad. Se respira el aire denso de desenfreno y lujuria febril, preludio de una noche intensa.
Me he enfundado el traje de guerrera: el vestido más adherente y corto que encontré en mi armario. De complemento: el carmín al rojo vivo, uñas de gata, las botas de cuero con tacón de aguja, medias de encaje y como broche final un toque de Chanel Nº 5. ¿Qué más necesita una mujer para conquistar la noche? En realidad debería bastar con una sonrisa pero yo prefiero el atuendo completo, por si acaso...antes muerta que sencilla. Una última mirada crítica al espejo es ya una fiel costumbre antes de salir con la cabeza alta y el paso firme.
Me he enfundado el traje de guerrera: el vestido más adherente y corto que encontré en mi armario. De complemento: el carmín al rojo vivo, uñas de gata, las botas de cuero con tacón de aguja, medias de encaje y como broche final un toque de Chanel Nº 5. ¿Qué más necesita una mujer para conquistar la noche? En realidad debería bastar con una sonrisa pero yo prefiero el atuendo completo, por si acaso...antes muerta que sencilla. Una última mirada crítica al espejo es ya una fiel costumbre antes de salir con la cabeza alta y el paso firme.
La lluvia salpica con furia el asfalto y las farolas parecen luciérnagas en la penumbra. El cielo está plagado de estrellas fugaces que nacen y mueren en un suspiro. Sospecho no ser la única que esta noche verá cumplidos sus deseos. El vestido se adhiere a mi cuerpo como una segunda piel. Siento el roce de la tela como una caricia en la espalda mientras camino a pasos grandes y le sonrío a mi reflejo.
Conozco el camino, el paraíso está a la vuelta de la esquina en la barra de un bar de mala muerte donde ya me espera la mirada lasciva de algún desconocido en cuyos brazos terminaré la noche. Lo demás es solo el telón de fondo, el escenario de una noche envuelta de misterio. Luego más tarde el vaho de nuestros cuerpos sudados empañará el espejo y poco más…Pero déjame que te cuente toda la historia… una historia que se asemeja demasiado a otras tantas, ya lo sé.
Bocanadas de humo dan la Bienvenida a mi entrada triunfal, cabezas que se giran, miradas y algún silbido…todo es parte del juego, sé que no es admiración sincera; solo represento un trofeo. Conozco bien las reglas de este juego de seducción: Los dedos que juguetean con un mechón de la melena y un escote profundo que atrapa las miradas. El cruce de piernas, la risa alegre, la sonrisa pícara que aún conserva el tanto justo de inocencia…la que encandila a los hombres deseando emborracharse y echarse a perder. Ese es el secreto que toda mujer sabe sin aprender...esa son las armas que toda mujer tiene aunque no las sepa utilizar.
He pasado el examen y estoy lista para mi partida. Sé que tengo buenas cartas y siempre me guardo un as en la manga. Los predadores están reunidos en la barra, a la espera de una presa fácil. El alcohol que corre por sus venas sirve para armarles de valor. En realidad es más fácil de lo que parece, cualquier pretexto sirve para iniciar una conversación y romper el hielo. En este caso las palabras son secundarias, nadie las recordará después. Lo cierto es que en este lugar condenado nada es tan casual como parece. Yo lo sé y por eso no me sorprende verte llegar, copa en mano, cabeza erguida, perfil de ganador. Ambos sabemos que esta noche le prestaré mi cuerpo a tus fantasías pero solo yo sé que mañana te habré olvidado…como otros tantos.
No perdamos tiempo - dicen tus ojos que ya empiezan a desnudarme. Dos copas más tarde le siguen tus manos que atrevidas e impacientes hurgan entre mis ropas y tu boca que besa mi piel ardiente. Me doblego al hastío de tus labios que besan igual que mienten, y mis caderas se mecen al son de las tuyas. Bailamos la danza de la conquista hasta que tu paciencia se agota. Aferras mi brazo con una violencia que me excita; como si ya hubieras tomado posesión de mí. Te sigo sin dudar ni un segundo… sobran las preguntas. Apenas recuerdo el trayecto en taxi, ni las prisas al subir las escaleras, ni los besos salvajes en el descansillo, ni las llaves que no terminan de dar vueltas hasta abrir las puertas de nuestro edén…pero recuerdo todo lo demás con nitidez, aunque por supuesto lo negaré todo.
Ya de madrugada recupero mi cuerpo de entre tus manos, mientras tú recuperas el aliento. Nuestras miradas se rehúyen, la partida se ha terminado…hora de recoger el tablero. Tú ya te deslizas en los brazos de Morfeo, yo ya me dispongo a olvidar.
Las velas consumiendo su último aliento y un perezoso amanecer surcando despacio las colinas me encuentran aún despierta, fumando al lado de la ventana. Observo en silencio tu silueta y pienso que durmiendo te asemejas más a un niño que a un hombre. Escucho mi corazón, para ver si tiene algo que decir pero no oigo más que el susurro del viento. Busco en los recovecos de la memoria el recuerdo del hombre al que amé pero no queda nada de él, fue hace demasiado tiempo...Recojo mis prendas y me visto deprisa. La piel de anaconda se amolda de nuevo a mi cuerpo como un guante. El carmín se ha esfumado y así el perfume, pero lo más importante es que mi corazón sigue estando donde debe estar, incrustado en lo hondo de mi pecho.
Me marcho sin mirar atrás, sin dejar un beso en tu mejilla ni susurrarte un adiós. Sin dejarte una nota en la nevera ni la huella de mis labios en tu espejo. Me voy sin un atisbo de ternura, sin desear saber más del alma que habita tu cuerpo. Dejo el epilogo para los narradores de novelas de amor. El romance no tiene cabida en una noche como esta, destinada a consumirse sin más. Tacones de aguja en mano desciendo despacio las escaleras sin hacer ruido. Me envuelve el silencio de unas calles desiertas. Nadie mira por la ventana preguntando quien soy ni de dónde vengo. Solo la gata espera fiel mi llegada y nunca hace preguntas.


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