viernes, 30 de diciembre de 2011

Fantasía absurda


Prométeme que alguna vez te acordarás de mí,
aunque el tiempo diluya los recuerdos en la niebla
hasta que soltemos las manos y nos perdamos de vista.
Seré tan solo una laguna azul en tu memoria,
pero dime que vendrás a sumergirte con tu sirena.
En las noches de tu desvelo te esperaré aquí.
Prométeme que conservarás nuestros sueños intactos
bajo estiércol en frascos apilados en tu desván.
Prométeme que romperás los cristales y los sacarás,
para que brillen como hadas en la oscuridad
cada vez que te sientas acorralado por la vida.

Prométeme que soñaras conmigo alguna noche.
En el sueño volverás a quererme como aquella vez,
y me contarás todas las mentiras que yo querré oír.
Prométeme que me extrañaras de vez en cuando,
aunque ya no me quieras con la misma intensidad.
Saldrás a buscar mi sonrisa entre la gente
y te preguntarás quien acaricia ahora mi herida,
y quien me dará lo que no supiste darme tú.
Prométeme que escucharás los versos de nuestra canción;
y que cuando vayas a los lugares a los que fuimos,
fingirás melancolía en homenaje a nuestro amor.


Prométeme que tendrás algún remordimiento
de haberme dejado escapar sin atraparme.
Aunque mis versos terminen en el fondo de algún cajón,
junto a los calcetines desgastados que te niegas a tirar.
Prométeme que al menos me regalarás un pensamiento fugaz,
que dure lo suficiente para que yo lo sienta
como el roce de una caricia en mi mejilla.
Me conformo con una alfombra de cristales rotos,
y con los sueños esparcidos por el suelo del desván.
Me conformo con nuestra imaginaria laguna azul
hasta que se agote el oxigeno de mi burbuja.
Déjame por lo menos el consuelo de esta fantasía absurda,
que acompaña en tu ausencia mi soledad.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Icebergs

Lo que decimos no es ni la mitad de lo que pensamos.
Lo que hacemos no es sino una mínima parte de lo que sería posible.
Lo que vemos no es ni una milésima parte de lo que existe.
Lo que mostramos al mundo,
no es sino un diminuta partícula de nuestra alma.
Nunca agotamos todo nuestro potencial.
Ni desvelamos todo los misterios que encierra nuestro corazón.
No soy la que ves.
No eres quien dices ser.
Somos icebergs.
Nuestro autentico yo está sumergido.
Oculto a miradas indiscretas,
solo emerge cuando estamos solos.
Nuestros fantasmas y demonios están a salvo
a mil grados bajo cero
Somos glaciares en el mar
Escondemos lo que no se debe ver
Callamos lo que nadie ha de saber
Confesamos secretos a medias
Amamos menos de lo que podríamos amar
No andamos sobre hielo cuando es demasiado fino
No es culpa nuestra
Nos enseñaron a apostar por lo seguro
Somos icebergs
Nacemos solos y morimos aún más solos
A menos que nos movamos a lugares más cálidos
Donde pueda derretirnos el sol
Si acaso sucede cuando encontramos el amor.
La gran mayoría de la gente siquiera sabe
Quien puede llegar a ser cuando emerge.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Mentirse y olvidar

Amar es olvidar
Que somos seres mortales
Que el tiempo se nos escurre
Que nada perdura
Que la vida es corta
Que el corazón dejará de latir

Amar es mentirse
Es regalarse un sueño imposible
Es prometerse lo absurdo
Es creer en lo invisible
Es imaginarse la utopía

Amar es mentirse,
Amar es olvidar.
Quiero que me mientan,
Quiero olvidar.
(...)



La princesa que se equivoco de cuento

Erase una vez una princesa que en una fría noche de invierno decidió aventurarse más allá de su castillo. Desoyendo todas las advertencias del rey, la reina y su sequito se escabullo a hurtadillas cuando se supo inobservada. 
Pero la princesa se equivocó de cuento y se perdió en un bosque encantado, bajo un cielo sin luna ni estrellas. La princesa daba vueltas y vueltas sin encontrar el camino de regreso. Estaba exhausta y tenía mucho frío. Añoraba el calor de su hogar pero ya habían pasado de la medianoche y pensó que era demasiado tarde para regresar. Sus ropas estaban echos jirones e incluso había perdido uno de sus zapatos de cristal en alguna parte del bosque. Solo le quedaba encontrar un refugio donde calentarse y aguardar la mañana.

Al otro lado del bosque había una pequeña hoguera encendida en medio de la oscuridad. Cansada del habitual baile de brujas esta  añoraba la llegada de una princesa de hadas como alguien que aguarda la llegada de un milagro. Soñaba con robarle un beso prohibido a cambio de un poco de cobijo y calor. La hoguera espero y espero largo rato y a medida que la noche avanzaba su esperanza se iba reduciendo al igual que sus llamas. Cuando los lobos ya habían ahuyentado a todos los fantasmas y el viento había agotado su repertorio de siniestras canciones de cuna por fin llego ella.
La princesa se sentó al lado de la hoguera y esta se avivo de nuevo, alimentada por el deseo de complacerla. No hicieron falta palabras para contarse que se habían buscado, añorado y deseado hasta finalmente encontrarse. Era una noche mágica y la princesa olvidó por completo que debía regresar a su castillo. Por otro lado la hoguera gozaba tanto de su compañía que no quería recordarse lo.

Ella llevaba un abrigo hecho de sueños, coleccionados de uno en uno aquí y allá.  Sueños rotos y desgastados la mayoría por falta de oportunidad y alguno que otro por quebrarse la ilusión con el paso del tiempo. Pero ella adoraba ese abrigo y siempre lo reparaba con gran esmero y cariño. Todavía encontraba sueños nuevos para rellenar huecos y juntar costuras. Era un abrigo que olía a recuerdos.

La hoguera quería tenerla más cerca y abrazarla, incluso quería atreverse a robarle ese beso que se le antojaba maravilloso. La muchacha se quedó prendada del hechizo de sus llamas y se dejó envolver por ellas. Ambos olvidaron quienes eran y en que cuento debían estar.  En un desafortunado descuido la hoguera quemó el abrigo de la princesa convirtiendo así de golpe todos sus sueños en cenizas. La princesa lloraba desconsoladamente y sus lágrimas eran tantas que extinguieron la hoguera.

Fue así como se terminó un cuento que nunca debió empezar. La hoguera había perdido su princesa por acercarse demasiado a ella hasta quemarla. La princesa había perdido su hoguera por aferrarse demasiado a sus sueños que en realidad ya estaban desgastados y rotos.
La moraleja de este cuento es: Que las princesas no deberían andar solas por un bosque encantado ni acercarse a una hoguera; especialmente si llevan un abrigo hecho de sueños altamente inflamables.    Por otro lado las hogueras no deberían acercarse demasiado a las princesas de cuento de hadas, sino recordarles que deben volver a su castillo.

En un cuento de hadas aquí habría un final feliz.  Pero este no es un cuento de hadas ni yo soy en realidad una princesa. Solo he sido aquella muchacha ingenua en búsqueda de un poco de calor.  Y tú solo fuiste aquella hoguera que estaba en mi camino en el lugar oportuno y momento preciso.  Me equivoque de cuento y tú te equivocaste de princesa. Ambos lo sabemos, pero tú sigues esperando el regreso de tu princesa de cuento de hadas y yo tengo el más hermoso de los sueños rotos jamás encontrado para empezar a tejer un nuevo abrigo



martes, 27 de diciembre de 2011

Algún día...

Algún día…
Es el día más esperado
Que sin embargo nunca llega
Algún día…
Es la promesa que le hacemos
A nuestro corazón
Más nunca cumplimos
Algún día…
Es la mentira piadosa más dulce
Con la que nos consolamos
Algún día…
Es el último acorde de una canción
Cuya letra se nos olvida
Algún día…
Decimos y soñamos
Y mientras tanto la vida va pasando
Como un tren de alta velocidad
Algún día…
Pensamos y suspiramos
Y mientras tanto perdemos la cuenta
De las veces que nos engañamos
Algún día…
Susurramos y dejamos para el final
Lo que más deseamos
Como se reserva la guinda de un pastel
Algún día…
Repetimos como una canción de cuna
Todas las noches antes de cerrar los ojos
Y los surcos en nuestra piel
Se hacen cada vez más profundos
Algún día…
Cruzaré los mares para llegar hasta ti
¿Cuándo?
Preguntan mudos mis ojos
Desde el otro lado del espejo
Algún día…
Le mienten mis labios a mi reflejo
Algún día…
Me fundiré contigo en un abrazo
¿Cuándo?
Grita en silencio mi corazón
Que exige respuesta
Algún día…
Le susurra la razón al oído
Quizá mañana…tal vez otro día…




Observación: Dedicado a una persona que espero conocer algún dia...en persona  ;-)

Siete vidas

   


Caer de pie.
¿Cuándo fue que aprendí el arte de dejarme caer?
Con la ligereza de una pluma.
Con la elasticidad de un gato.
Sin desgarrar mis tejidos.
Sin romperme los huesos.
Sin arañarme la piel.
Aterrizando siempre de pie,
Sin importar la altura
De la cual me tiras al vacío.

Caer de pie.
Salvando tu imagen y a la vez mi orgullo.
Salir aparentemente ilesa.
Intacta por fuera,
Quebrada por dentro.
Con la sonrisa congelada
En la comisura de los labios,
Y una capa espesa de maquillaje
Para ocultar las secuelas
De una noche de llanto ahogado.

Caer de pie.
Los amigos que llegan y se van
Se despiden con un abrazo y un “Cuídate”.
Jamás sospechan ni intuyen,
Todo aquello que mi mirada esquiva ha aprendido callar.
Hasta el temblor de mis manos no delata nada.
Es tan fácil mentirles que ya no tengo que inventar,
Basta cerrar los ojos y creer que sea verdad.

Caer de pie,
Una y otra vez.
Hasta aquella noche
En la que abrí los ojos
Y deje de engañarme.
Comprendí por fin
Que ya no me quedaban 
Vidas para gastar
Porque mis siete vidas
No habían sido suficientes para ti.

Y entonces me fui sin mirar atrás
 Lo curioso es que esta última vida que me queda
Me está cundiendo más
Que todas las que tuve contigo
Ahora huyo de las caricias de monstruo
He aprendido a cuidarme de verdad.


Piel de anaconda

Sábado noche  en las calles de mi ciudad. Se respira el aire denso de desenfreno y lujuria febril, preludio de una noche intensa.  
Me he enfundado el traje de guerrera: el vestido más adherente y corto que encontré en mi armario. De complemento:  el carmín al rojo vivo, uñas de gata, las botas de cuero con tacón de aguja, medias de encaje  y como broche final un toque de Chanel Nº 5. ¿Qué más necesita una mujer para conquistar la noche? En realidad debería bastar con una sonrisa pero yo prefiero el atuendo completo, por si acaso...antes muerta que sencilla. Una última mirada crítica al espejo es ya una fiel costumbre antes de salir con la cabeza alta y el paso firme.                                                                                                                                                 
La lluvia salpica con furia el asfalto y las farolas parecen luciérnagas en la penumbra. El cielo está plagado de estrellas fugaces que nacen y mueren en un suspiro.  Sospecho no ser la única que esta noche verá cumplidos sus deseos.  El vestido se adhiere a mi cuerpo como una segunda piel. Siento el roce de la tela como una caricia en la espalda mientras camino a pasos grandes y le sonrío a mi reflejo.                                
Conozco el camino, el paraíso está a la vuelta de la esquina en la barra de un bar de mala muerte donde ya me espera la mirada lasciva de algún desconocido en cuyos brazos terminaré la noche. Lo demás es solo el telón de fondo, el escenario de una noche envuelta de misterio. Luego más tarde el vaho de nuestros cuerpos sudados empañará  el espejo y poco más…Pero déjame que te cuente toda la historia… una historia que se asemeja demasiado a otras tantas, ya lo sé.

Bocanadas de humo dan la Bienvenida a mi entrada triunfal, cabezas que se giran, miradas y algún silbido…todo es parte del juego, sé que no es admiración sincera; solo represento un trofeo.  Conozco bien las reglas de este juego de seducción: Los dedos que juguetean con un mechón de la melena y un escote profundo que atrapa las miradas. El cruce de piernas, la risa alegre, la sonrisa pícara que aún conserva el tanto justo de inocencia…la que encandila a los hombres deseando emborracharse y echarse a perder. Ese es el secreto que toda mujer sabe sin aprender...esa son las armas que toda mujer tiene aunque no las sepa utilizar.                                                  
He pasado el examen y estoy lista para mi partida. Sé que tengo buenas cartas y siempre me guardo un as en la manga. Los predadores están reunidos en la barra, a la espera de una presa fácil. El alcohol que corre por sus venas sirve para armarles de valor.  En realidad es más fácil de lo que parece, cualquier pretexto sirve para iniciar una conversación y romper el hielo. En este caso las palabras son secundarias, nadie las recordará después. Lo cierto es que en este lugar condenado nada es tan casual como parece. Yo lo sé y por eso no me sorprende verte llegar, copa en mano, cabeza erguida, perfil de ganador. Ambos sabemos que esta noche le prestaré mi cuerpo a tus fantasías pero solo yo sé que mañana te habré olvidado…como otros tantos.

No perdamos tiempo - dicen tus ojos que ya empiezan a desnudarme. Dos copas más tarde le siguen tus manos que atrevidas e impacientes hurgan entre mis ropas y tu boca que besa mi piel ardiente.  Me doblego al hastío de tus labios que besan igual que mienten, y mis caderas se mecen al son de las tuyas.  Bailamos la danza de la conquista hasta que tu paciencia se agota. Aferras mi brazo con una violencia que me excita; como si ya hubieras tomado posesión de mí. Te sigo sin dudar ni un segundo… sobran las preguntas.  Apenas recuerdo el trayecto en taxi, ni las prisas al subir las escaleras, ni los besos salvajes en el descansillo, ni las llaves que no terminan de dar vueltas hasta abrir las puertas de nuestro edén…pero recuerdo todo lo demás con nitidez, aunque por supuesto lo negaré todo. 
                   
Ya de madrugada recupero mi cuerpo de entre tus manos, mientras tú recuperas el aliento. Nuestras miradas se rehúyen, la partida se ha terminado…hora de recoger el tablero. Tú ya te deslizas en los brazos de Morfeo, yo ya me dispongo a olvidar.
Las velas consumiendo su último aliento y un perezoso amanecer surcando despacio las colinas me encuentran aún despierta, fumando al lado de la ventana.  Observo en silencio tu silueta y pienso que durmiendo te asemejas más a un niño que a un hombre. Escucho mi corazón, para ver si tiene algo que decir pero no oigo más que el susurro del viento. Busco en los recovecos de la memoria el recuerdo del hombre al que amé pero  no queda nada de él, fue hace demasiado tiempo...Recojo mis prendas y me visto deprisa. La piel de anaconda se amolda de nuevo a mi cuerpo como un guante. El carmín se ha esfumado y así el perfume, pero lo más importante es que mi corazón sigue estando donde debe estar, incrustado en lo hondo de mi pecho.                                                          
Me marcho sin mirar atrás, sin dejar un beso en tu mejilla ni susurrarte un adiós. Sin dejarte una nota en la nevera ni la huella de mis labios en tu espejo. Me voy sin un atisbo de ternura, sin desear saber más del alma que habita tu cuerpo.  Dejo el epilogo para los narradores de novelas de amor. El romance no tiene cabida en una noche como esta, destinada a consumirse sin más.  Tacones de aguja en mano desciendo despacio las escaleras sin hacer ruido. Me envuelve el silencio de unas calles desiertas. Nadie mira por la ventana preguntando quien soy ni de dónde vengo. Solo la gata espera fiel mi llegada y nunca hace preguntas.     




                                                                    
                           


lunes, 26 de diciembre de 2011

Una tarde de sábado cualquiera



Es una tarde de sábado cualquiera
Un día como otros tantos
Un día corriente y vulgar
Un día de estos en los que el mundo está adormecido
Y hasta el sol se niega a salir de su escondite
Por pura pereza
....
Es una tarde de sábado cualquiera
Pero hoy una muchacha está apoyada inmóvil
En la ventana de su habitación
Pesadas gotas de lluvia
Golpean con furia el cristal
Y distorsionan su visión del mundo exterior
Pero la muchacha tiene la mirada vacía
Está tan ensimismada
Que no percibe sino el sonido monótono
De las gotas que caen y caen sin cesar
Al igual que las lágrimas
Que bañan su hermoso rostro
Pequeños fragmentos de dolor
Cristales rotos con bordes afilados
Cual cuchillos
¿Cuanto dolor contiene una lagrima?
Se lo pregunta mientras
Con el dorso de la mano se seca las mejillas
Tratando de borrar la huella de una tristeza perenne
Cuyo rastro de salitre es indeleble

La muchacha siente un escalofrío
Que le recorre la espalda
Su cuerpo se sacude con temblores
Siente el impulso de abrigarse
Más el frió que siente está en su interior
Necesita olvidar
Pero los recuerdos están al acecho
Esperando devorarla
Son hambrientos lobos feroces
Perros salvajes y rabiosos
Que no se dejan ahuyentar
Se dice a sí misma que es su naturaleza
Que debe exculparlos
Pero no puede
Ni quiere alimentarlos

La invade una sensación familiar
Otra visita inesperada de un viejo conocido
Es un dolor añejo de sabor amargo
Que se olvida de llamar a la puerta
Que no se muestra cortés ni complaciente
Es un dolor sin piedad que viene a saldar
El pago de una deuda vencida
Una deuda que ella contrajo en su día
Con su propio corazón
Cuando prometió no volver a equivocarse
Pero no supo evitarlo
Y volvió a caer en la trampa
No de su inocencia
Sino de su ignorancia
Que es peor e inexcusable
Porque tiene origen en el orgullo
De quien no desea saber
Ni prevenir un posible sufrimiento

No debería extrañarse ante ese reencuentro
Ella y su dolor frente a frente
Como en los viejos tiempos
No tiene escapatoria y lo sabe
Pero aún se sorprende
Ante su repentina fragilidad
Ante su incapacidad de afrontar los hechos
Ante su falta de fortaleza en la adversidad
Y su facilidad de sucumbir a la autocompasión
Se siente desnuda y desamparada
Desconcertada y perdida
Pequeña e insignificante
Tan solo un minúsculo motín de polvo
En la palma de un gigante
Está cansada
De estar al merced de un destino
Que no está de su parte
Quiere huir
Abandonarse al dolor con rabia resignada
Dejarse llevar prisionera por él sin defensa
Pero sabe que sería su perdición
Y entonces se arma de valor

Es una tarde de un sábado cualquiera
Y una muchacha abre la ventana de su habitación
Para darle paso a la lluvia
Y dejarse empapar por ella
Para aspirar el aire que tiene aroma a tierra revuelta
Y ver pasar las nubes grises
En su migración hacía otro lugar
La muchacha ha decidido salir al jardín
Y al verla el sol se asoma con timidez detrás de una nube
Atraído por su belleza
También los girasoles vuelven las cabezas
Y los pájaros dejan de sacudir su plumaje
Para observar curiosos
La causa de tanto alboroto
La muchacha camina descalza
Por un prado cubierto de pequeñas gotas de lluvia
A punto de evaporarse
La hierba le hace cosquilla entre los dedos de los pies
Y ella esboza una sonrisa involuntaria
Es la señal que esperaba el sol
Para abandonar definitivamente su escondite
Y acariciarla suavemente con sus rayos
Una mariposa casi la roza con sus alas
Retándola a la persecución
Y ella se deja cautivar por su encanto

La muchacha corre con ligereza por el prado
Su vestido vaporoso se mueve con la brisa
Sus pequeños pies descalzos apenas pisan la hierba
Y su risa alegre lo inunda todo
La muchacha se siente libre
Olvidados están el dolor y la tristeza
De hace tan solo un instante
Olvidados están las lágrimas y la lluvia
Las nubes se han ido a otra parte
La felicidad ha vuelto
Como si nunca se hubiera marchado
La muchacha de pronto se detiene
Para mirar asombrada un colorido arco iris
Que se dibuja cual promesa en el cielo
No recuerda la última vez que vio algo tan hermoso
Hacía tiempo que no miraba al cielo
Después de un aguacero
Hacía tanto que no veía lo maravilloso
Que puede ser un día de lluvia
Puede que sus ojos estuvieran cegados
Por la oscuridad de su alma ensombrecida
Puede que siempre tuviera a su alcance
La esencia de la felicidad
Y simplemente no supiera reconocerla
Ni aferrarla con sus manos

Es una tarde de sábado cualquiera
Pero hoy una muchacha cuyo nombre no recuerdo
Ha vuelto a recuperar su sonrisa
Para abrazar la vida con alegría
Y aunque sea tan solo por eso
Hoy para ella no es una tarde de sábado cualquiera
Sino un día especial que no olvidará jamás
Es como dicen los sabios y poetas
El primer día del resto de su vida






Amanecer en el infierno



Amanece
Pero mi piel todavía está adormecida
Mi boca aún lleva aroma de tus besos
Y mi cuerpo está borracho de tus caricias
El más hermoso de los sueños me tiene presa
Entre sabanas de raso
Y no me quiero desprender de él

Amanece
Mientras sueño que volvemos a ser niños
Corriendo por un prado verde
Tu mano fuertemente asida a la mía
Sueño que tus dedos
Vuelven a jugar con mi melena
Como lo hace el viento con las cometas

Amanece
Y la luz se cuela despacio por mi ventana
Mientras tú me besas
Como si no hubiera un mañana
Yo cierro con fuerza los ojos
Para atrapar ese sueño
Como si la realidad no estuviera ya
A la vuelta de la esquina

Amanece
Y el sueño se me escapa
Entre los pliegues de mi camisón
Mis manos quieren agarrarlo
Pero tan solo se aferran a mi almohada
Me despierto con el sabor
De la más dulce amargura:
Te tuve más te perdí en un sueño

Amanece
Y mis ojos miran hacía el cielo
Descubriendo un pequeño rayo de sol
Asomar entre un ejercito de nubes
Ese rayo que juega al escondite
Tan solo se burla de mí añoranza por ti
Hoy la lluvia tendrá sabor de sal
Y empañara el cristal de mi ventana

Amanece
En el infierno de ángeles caídos
Hace cuanto que mis alas están quebradas
No recuerdo ni la hora ni el día
He dejado de lamer mis heridas
Ya no duele tanto la vida
He aprendido a existir sin ti

Amanece
Y el viento sopla con más fuerza
Este invierno se me hace eterno
Sin tu sonrisa de primavera
Nuestro jardín de Nomeolvides
Está cubierto de hielo
Esperando el regreso del sol
¿Volverás algún día?

Un cuento de Navidad




Atardece. El sol se sumerge lentamente en el mar en un ritual sagrado, que se repite día tras día desde que el tiempo tiene memoria. Las gaviotas emprenden el viaje de regreso hacia sus refugios-sabe Dios en que parte- dibujando grandes círculos en un cielo teñido de purpura. La suave brisa marina da paso a un viento inclemente que se cuela por mi abrigo como un mendigo intruso, ávido del calor humano que desprende mi piel translucida. Las nubes se despliegan en todas las direcciones, igual que sabanas blancas sobre un lecho celeste, provocando así un cambio de luz constante.
El perro está empeñado en convencerme que las olas que lamen la orilla, son en realidad ardillas traviesas a las que hay que perseguir hasta darles muerte. Le sigo de mala gana venciendo el impulso de salir corriendo en dirección contraria, lejos del mar.

Mi mirada se pierde en el horizonte, una fina línea de color azul-rosáceo que coquetea con el sol moribundo hasta fundirse con él en un abrazo…es una imagen sobrecogedora grabada a fuego en mi retina que sin embargo apenas me conmueve.
El ser humano rara vez encuentra belleza en lo cotidiano, pero en mi caso el origen de mi ceguera es de naturaleza distinta, lo cual espero me excuse. En otros tiempos lejanos cuando compartía estos momentos con mi esposa, me sentaba con ella en el porche de nuestra casa hasta que el sol hubiese desaparecido por completo. Era nuestra manera de celebrar el final de un día que la vida nos había regalado, con el único propósito de vernos juntos y felices. Está época del año siempre evoca la misma imagen nítida de ella como si estuviese viéndola a través de la lente de un objetivo…y por colmo la nostalgia tiene hoy como banda sonora la lejana melodía de un cuervo… ¡maldita Navidad!
Me sacudo el recuerdo de encima igual que el perro se sacude las gotas de salitre del pelaje.

Mientras observo como mis botas se hunden en la arena mojada, el cigarrillo entre mis dedos me obsequia con una última calada para luego convertirse en una lastimosa colilla destinada al destierro sin piedad. Todo tiene su razón de ser y su fecha de caducidad…es el pensamiento inquietante que atraviesa mi mente en ese mismo instante. El instante en el que he tomado mi decisión: No habrá más amaneceres ni atardeceres junto al mar. De repente me invade una sensación de calma absoluta. Lo más difícil está superado, lo más difícil siempre es decidir, es el primer paso que precede cualquier acción.
No es una decisión tomada a la ligera, es el resultado de muchas horas de meditación en solitario. Muchos amaneceres y atardeceres como este me han acompañado en mis reflexiones. El perro siempre ha sido la razón inexcusable por la que salir, y salir siempre ha significado enfrentarme al mar que me ha robado lo que yo más quería.

Desde entonces he arrojado a sus aguas todo mi dolor con furia, odio él océano desde lo más profundo de mi alma…maldigo sus peces de colores, sus conchas y estrellas de mar y sus mareas como se maldice al mismísimo demonio. Jamás volví a poner un pie en sus aguas turbias contaminadas de cadáveres. Reconozco que me he convertido en un viejo solitario y amargado. No siempre fui así…pero lo soy ahora y el pasado es un país muy lejano al que no puedo viajar porque mi salud ya no me lo permite. Es la única lección útil que aprendí de mi psicoterapeuta cuyo nombre olvidé, aunque en contra de lo que él hubiese deseado la aplico a mi manera y antojo.

El perro por fin responde a mi silbido y vuelve a mí para seguir mis pasos, fiel como siempre. Quién sabe si habrá adivinado mi oscuro pensamiento, pues de pronto siento como un temblor atraviesa su delgado cuerpo peludo. Le sonrío para tranquilizarle como se hace con un cómplice, alguien con quien compartes confidencias y que esperas sepa mantenerlas en secreto. Pero claro, un perro es y será siempre solo un perro, no se va a ir de la lengua... No entiende de nada, solo te sigue porque sabe que en tu casa le espera una camita caliente y un cuenco de comida; tal vez incluso un pedacito de jamón u otra delicia. Y sin embargo…te hace compañía en las frías noches de invierno y su mirada parece dar fe de que lo comprende todo. ¿Ilusión? Tal vez si o tal vez no. En fin de cuentas que demonios sabemos sobre la mente de un perro, no entendemos ni la nuestra…

Hoy tengo la risa fácil y me sorprendo al escucharla, hace tanto tiempo de eso que ya no recordaba cómo suena… Allí está otra vez, esa sensación de ligereza…la había perdido…pero de pronto ha vuelto. ¿Porque ahora? Esta alegría repentina me irrita y confunde…debe ser el espíritu navideño que por estas fechas ronda por allí y hace de las suyas. Siempre he sabido que las cosas llegan cuando ya no las esperas. ¿Pero qué sucede si llegan cuando ya es demasiado tarde, cuando has dejado de desearlas? Durante años he albergado la esperanza de poder sobrellevar la perdida y estar en paz con la vida; recordarla con cariño pero dejando atrás la añoranza de tiempos pasados que ya no volverán. Pero año tras año el dolor se ha vuelto más intenso como una herida lacerante. No quiero pensar en ello…he tomado una firme resolución, de hecho estoy más decidido que nunca. Me siento como si se hubiera activado un mecanismo oculto en mi interior, una fuerza motriz que hace que mi reloj ande más deprisa y a consecuencia mis pasos se aceleran.

Aún me queda una última cosa que hacer. Con los dedos entumecidos de frío abro la puerta de casa y nada más cruzar el umbral me invade el olor familiar de mi hogar. Si tuviera que describirlo sería una mezcla de almizcle, leña y manzanas dulces asadas…aunque no haya ninguno de esos elementos en la casa, está siempre conserva el mismo olor como si fuera su huella digital.
El sofá que parece ahora más acogedor que nunca me tienta a sentarme, pero permanezco de pie; con la firme determinación de llevar a cabo mi propósito. Solo me permito quitarme las botas húmedas y enfundar los pies en las zapatillas calentitas que esperaban pacientemente mi llegada al lado de la chimenea. Allí están el papel y el plumero, en el fondo del cajón de la mesilla…dentro de una hermosa caja de madera junto a alguna vieja fotografía, la alianza de novios y unas cuantas cartas; recuerdos de nuestro tiempo de cortejo… ¡parece que tan solo fue ayer! La cajita esta tallada a mano y representa la delicada obra de un artesano…un recuerdo de cuando… ¡no, no quiero pensar en ello ahora! Mis manos tiemblan al abrirla y me siento como si abriese la Caja de Pandora porque ha estado cerrada tanto tiempo y temo que tal vez su contenido se haya evaporado…pero no, todo sigue intacto, como una fiel muestra de que el tiempo no es capaz de destruir el recuerdo inalterable de aquello que nos es más querido.

Por fin me siento a la mesa y comienzo a plasmar las primeras palabras sobre la hoja en blanco…pero resulta más complicado de lo que yo pensaba. ¿Cómo escribir una carta que intuyes tal vez pase por muchas manos y leerán más personas que tu hubieras querido, desconocidos que analizaran cada palabra tuya como si tuviera algún mensaje oculto que descifrar…buscando algún indicio sobre tu cordura o tu falta de la misma… para desentrañar el misterio de tu partida? Me resulta violento pensar en ello, me siento ultrajado en mi intimidad y despojado de mis derechos humanos con tan solo imaginarlo. He llenado más de diez hojas de papel y la papelera se está llenando de esbozos malogrados, tengo que acordarme de arrojar el papel al fuego antes de…antes de apagar la luz.

Se ha hecho de noche y he encendido todas las velas, incluso las que normalmente reservo para la víspera de Navidad porque huelen a canela y bizcocho casero….huelen casi tan bien como el bizcocho que ella hacía por esas fechas y que tanto me gustaba. Ella solía decirme que la Navidad era magia porque le había traído el mejor regalo, pues nos conocimos justamente en Navidad y todos los años celebrábamos la ocasión de una manera especial. Oh si, teníamos nuestros propios rituales al igual que el sol… y esta noche el ritual se culminará en nuestro reencuentro. Se me empañan los ojos de emoción…pero he de mantener una mente clara, es tan importante lo que voy a hacer que no puedo cometer el más mínimo error. No quiero que haya malinterpretaciones ni sentimientos confusos. Siquiera quiero que alguien lamente mi perdida aun a sabiendas de que ello será inevitable. Siempre habrá quien se sienta responsable, aunque en vida no se haya ocupado de ti; o tal vez justamente por eso. Los lazos familiares son más fuertes cuando hace aparición la muerte, es tan triste como cierto. Pero yo no guardo rencor a nadie; tan solo estoy cansado de esperar y creo que ha llegado el momento de echarle un cable al destino. ¿Por qué tengo que justificar mi partida? ¿Acaso no es una razón válida el deseo de volver a reunirse con la persona amada? Sé que mi vida me pertenece y que puedo hacer con ella lo que se me antoje.

“¿No es así?” Le pregunto al perro que nunca ha tenido nombre, por aquello de no cogerle cariño; aunque soy consciente de que ha sido una misión fallida. Y el animal-que de tonto no tiene ni un pelo- ladea la cabeza y me mira con ojos grandes que parecen preguntar qué gran tontería estoy a punto de cometer. “¡Tú nunca me has cuestionado!” Le recuerdo. “¿Vas a empezar ahora?” Como por respuesta ladra y apoya su cabeza a modo de plegaría en mis pies. “¡No vas hacerme cambiar de opinión!” Le digo y me levanto. Abro la puerta y una ráfaga de viento helado se cuela de pronto en la casa.” ¡Vete!” Le digo al perro con voz firme y decisa. Pero él no me entiende y menea tímidamente la cola, un poco inseguro de que interpretación darle a mi tono de voz. “¡No puedo ocuparme más de ti!” Le digo y para no dejar lugar a dudas le agarro por las patas y arrastro hasta la puerta, pero él se niega rotundamente en abandonar su dulce hogar y estampa sus patas traseras en el suelo lloriqueando a la vez como un cachorro. Ante semejante demostración teatral de su voluntad no me queda otra que rendirme, y como muestra de agradecimiento ante mi capitulación el perro lame la palma de mis manos con esmero y dedicación como si estuvieran untadas de sobreasada.

Ahora también la última carta acaba alimentando la llama de mi chimenea, me consuela pensar que al menos sirven para hacerme entrar en calor. Con una taza de té humeante y una manta calentita me siento en el sofá y el perro enseguida acepta la muda invitación de tumbarse a mis pies como tiene por costumbre. “Eres un viejo gruñón al igual que yo” le susurro “De hecho voy a hacerte un último favor y ponerte nombre, de ahora en adelante te llamarás Gruñón y harás justicia a tu nombre” La carcajada que se me escapa asusta a Gruñón y este se levanta de sobresalto alarmado por el inusual alboroto. “¡Tranquilo Gruñón…podrás quedarte a olisquear mis pies cuanto quieras, aprovecha mientras puedas!” le digo mientras le guiño un ojo. Por un momento esperaba que me devolviese el guiño, pero claro…un perro es y será siempre solo un perro ¿o no?

Ha sido un día duro…mañana será otro día, tendré la cabeza más despejada y la inspiración vendrá por sí sola. Me lo digo convencido mientras la lluvia golpea suavemente las ventanas, las velas se van consumiendo sin prisas y el sueño me invade lentamente para acunarme con dulzura como lo haría ella. La hermosa cajita de madera tallada ocupa de nuevo su lugar en el fondo del cajón, al igual que un tesoro que yace en el fondo del mar.